CHÉJOV: MÉDICO Y ESCRITOR.
(29 de enero de
1860)
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
“Los
amantes de la literatura, pero sobre todo los médicos, deberían tener sobre su
mesita de noche una colección de los relatos de Chéjov”. (Dr. Juan José Puigbó.)
1
Chéjov,
según Chéjov. Así se llama el libro de Sophie Laffitte sobre el médico y
escritor ruso Antón Chéjov, padre del cuento corto. La sensibilidad mostrada
por Chéjov en sus relatos le viene desde la infancia, cuando no soportaba la
crueldad hacia los animales. Al llegar a una ciudad, visitaba primero los
cementerios y los circos. Leía a Marco
Aurelio y escuchaba a Chopin y a Beethoven.
2
El libro de Sophie Laffitte me ha encantado y he extraído algunas frases
del propio escritor que tienen la sabiduría de las sentencias:
—Los
enamorados se comprenden mejor cuando callan (“Me gustas cuando callas porque
estás como ausente”, escribió Neruda)
—Solo en el mar y en la estepa, durante una noche de luna, puede apreciarse la
infinidad e inconmensurabilidad de la profundidad del cielo. Es terriblemente tierno
y bello.
—Lo
importante es ser justo y todo lo demás vendrá por sí mismo.
—La
vida es difícil para quienes tienen la audacia de ser los primeros
en tomar un rumbo desconocido.
—Solo
los imbéciles y los charlatanes lo saben
todo.
—Qué
música maravillosa es el silencio de la noche.
—Cuando escucho la Sonata del claro de luna, me parece que mi vida no es tan
desgraciada y que todavía tengo la posibilidad de rehacerla por entero.
—La felicidad y la alegría no están ni en el dinero ni en el amor, sino en la
verdad.
—Amo la naturaleza y la literatura, amo a las mujeres bonitas y odio la rutina y el despotismo.
—Cuando
la humanidad aprenda verdaderamente a
aliviar sus sufrimientos con pastillas y gotas .dejará a un lado fatalmente la
religión y la filosofía.
—Entre
decir “Dios existe” y “Dios no existe” se extiende un campo inmenso que apenas
el sabio verdadero es capaz de atravesar.
—No
me permitas, Dios mío, juzgar a nadie o hablar de lo que nada sé.
—Cuando el alma está atormentada. ¡Qué triste resulta estar solo!
—El
hombre de bien puede sentirse avergonzado incluso delante de un perro.
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