LITERATURA Y MEDICINA

LITERATURA Y MEDICINA
LIBRO DEL DR. EDGARDO MALASPINA : LITERATURA Y MEDICINA

sábado, 21 de octubre de 2017

¿DUERME USTED, SEÑOR PRESIDENTE?

¿DUERME USTED, SEÑOR PRESIDENTE?
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Cuando Caupolicán Ovalles (1936-2001) publicó en 1962 su poemario ¿Duerme usted señor presidente?, Rómulo Betancourt se molestó tanto que le solicitó a su ministro de Relaciones Interiores, Carlos Andrés Pérez, el encarcelamiento del poeta. CAP no cumplió la orden porque eran tiempos cuando los ministros no eran focas. Con el tiempo CO y CAP se hicieron  amigos, como debe ser entre venezolanos que entienden que pensar distinto no es motivo para odiarse. A pesar de sus ideas marxistas y de adversar con sus escritos a los gobiernos de turno, Caupolicán Ovalles fue designado secretario general del Instituto Nacional de Bellas Artes y recibió el premio Nacional de Literatura.
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A continuación  algunas estrofas del poemario que Betancourt consideró ofensivo:
-El presidente vive gozando en su palacio/come más que todos los nacionales junto/ y engorda menos/por ser elegante y traidor.
-Se cree el más joven/ y es un asesino de cuidado./…Y le dicen cuando pasa “Ahí va la mierda más coqueta”.
-Como es elegido por voluntad de todos/los mayoritarios dueños de inmensas riquezas/es un perro que manda, es un perro que obedece a sus amos/es un perro que menea la cola, /es un perro que besa las botas/y ruñe los huesos que le tira cualquiera…
-Su barriga y su pensamiento      /es lo que llaman water de urgencia.
-y como una vieja puta es débil/y orgulloso de sus coqueterías.
-Todo está podrido, Miraflores también.
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A través de José Meléndez, amigo de andanzas en Rusia,  conocí a Caupolicán  Ovalles.  Lo visité varias veces y disfruté de su amena conversación en varias ocasiones con una copa de vodka. Me habló de su poemario “¿Duerme usted, señor presidente? De cómo por prudencia abandonó el país en esa ocasión, etc, Me obsequió con una dedicatoria “La casa en la poesía venezolana”, libro que editó junto a otros poetas. También me regaló varios ejemplares de la biblioteca de su abuelo, Víctor Manuel Ovalles, llamada por Neruda “La gran papelería del mundo”. Ananké, una novela corta de VMO, me llamó poderosamente la atención, por ser una obra ambientada en Valle de la Pascua, y en la cual aborda un tema médico.
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 Una vez conversábamos sobre la extinta URSS. Lo llamarón para una reunión, pero declinó asistir y me dijo: yo me siento mejor aquí hablando de Rusia. No tengo nada que buscar por allá.
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 Caupolicán debe hablar en las jornadas del Museo de Bellas Artes, junto a Arturo Uslar  Prieto, sobre los gremios en la defensa de la ética. El jefe de protocolo lo llama varias veces, y cuando se constata su ausencia interviene  y grita una mujer desde el fondo de la sala: ¡Búsquenlo en un bar de Sabana Grande!
En la Sociedad de Escritores le cuento a Caupolicán el incidente con la mujer. Sin pensarlo me contesta: lo sabía, por eso no asistí. Prefiero estar lejos cuando me tiran mierda.
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¿Duerme usted, señor presidente? Está de moda. Lo publican y lo leen gentes de distintos signos ideológicos. Unos porque creen   que es un poema exclusivamente contra el presidente Betancourt; y otros porque están convencidos de que es una obra profética dirigida  contra cualquier presidente abusador, y dicen que es un escrito genial e  intemporal contra el poder en general.










jueves, 6 de abril de 2017

LA PASIÓN DE CRISTO

LA  PASIÓN  DE  CRISTO

     Por :  Edgardo Malaspina
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La película de Mel  Gibson “La Pasión de Cristo” desató muchas discusiones. Los   judíos la calificaron de  antisemita  (¿ como todo  El  Nuevo Testamento  ? ) , el papa Juan Pablo II la consideró una versión fidedigna de los Evangelios ,y el Cardenal  Rosalio  Castillo Lara cree que es una obra de arte.
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Pero algo  quedó demostrado, lamentablemente, por lo que  informó la  prensa  :  las escenas sangrientas y dolorosas  del film no son aptas para cardíacos. Esas  escenas junto a las  de María recordando  la niñez de Jesús al momento de verlo sufrir atrozmente, constituyen  los más valiosos cuadros  de la producción.  Son dos caras de una misma moneda: el odio y el amor.
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Con respecto a la crucifixión de Cristo existen varios criterios. Los pueblos antiguos practicaron la crucifixión  para aplicar la pena capital. Fue ampliamente conocida en Oriente. Roma  la heredó de los persas y los egipcios. Ahora  bien, los especialistas  señalan que  el reo no cargaba la cruz completa sino sólo el madero horizontal por cuanto el vertical estaba fijo en el sitio de ejecución. En la película se sigue la  tradicional leyenda cristiana  y se omite  la versión histórica.
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Otro aspecto tiene que ver con la forma de fijación en la cruz .El propio Gibson reconoció que se inspiró en las pinturas de Caravaggio   donde se observa a un Jesús con clavos en las manos. Todo el arte cristiano sigue ese patrón de crucifixión. Los ejemplos sobran:  La Piedad de Villanueva- Les Aviñón de Enguerrand Quarton, El Calvario de Andrea Mantenga, El  Entierro de Cristo de Tiziano, Cristo en la cruz de El Greco, La Piedad  de El Veronés , La Santísima Trinidad y la Virgen de Masaccio, Descendimiento de la cruz de Crogier Van Derweyden, la Deposizione de Rafael ,y otros muchos cuadros de artistas famosos.
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Leonardo da Vinci tenía un criterio muy distinto con respecto a la colocación de los clavos en la extremidades superiores. Suponía que su fijación en las palmas de las manos traería como consecuencia el desprendimiento del reo por un simple efecto de gravedad. Es decir, los clavos en las manos no aguantan el peso del cuerpo. Cristo debió ser clavado en las muñecas, razonaba Leonardo .No olvidemos que el genio del Renacimiento estudió profundamente la anatomía, hizo muchas  disecciones en el Hospital del Espíritu Santo de Roma y publicó sus investigaciones en el “Manuscrito Anatómico”.
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No obstante, Gibson en “La Pasión de Cristo” resuelve exitosamente  el problema y sugiere una tercera versión: Jesús es clavado en las palmas de la mano y al mismo tiempo atado con cuerdas por las muñecas.






   


             

sábado, 5 de noviembre de 2016

sábado, 20 de febrero de 2016

UNA VELADA LITERARIA EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES


UNA VELADA LITERARIA EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES
(Caracas, 1993)
Edgardo Malaspina
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Asisto a unas jornadas sobre ética en la literatura en el Museo de Bellas Artes. El nombre de por sí es elocuente. Hablarán de las letras como arte con la posibilidad de convertirse en mercancía, compromiso ético del escritor y su papel ante la sociedad, los plagios, las asociaciones de escritores; además, debatirán si en la literatura como en el amor todo se vale.
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Los ponentes son unos pesos pesados del mundo escritural: Arturo Uslar Pietri, Rafael Cadenas, Rafael Arráiz Lucca, Gustavo Luis Carrera, Denzil Romero, Luis Barrera Linares, Igor Delgado Senior, Coupolican Ovalles, José Balza, Juan Nuño, entre otros.
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Arturo Uslar Pietri dice que la producción literaria  es un acto solitario, individual. Una biblioteca tiene rincones con  libros y manuscritos que sólo conoce su dueño. Sobre el Socialismo Real y la literatura afirma: “Ni Felipe II ni Luis XIV tuvieron tanta injerencia sobre la libertad de conciencia de los hombres. Ese control absoluto sobre el trabajo intelectual le estaba reservado al siglo XX con la aparición de los regímenes totalitarios y la literatura comprometida”.
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Al terminar su intervención saludo a Arturo Uslar Pietri, hago algunos comentarios sobre su discurso y  le obsequio mi libro “Del Socialismo Real a la perestroika”. Lo hojea, lo coloca en un bolsillo de su paltó  y me dice: lo revisaré. Me da la mano y se marcha.
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José Meléndez, amigo de andanzas en Rusia, me presenta a Coupolicán Ovalles. Luego visitaré varias veces la sede de la Asociación de Escritores de Venezuela. Allí conversaré con Elí Galindo y Luis Camilo Guevara. Todos ellos beben vodka mientras conversan de poesía y de cualquier tema que cruce sus mentes. Coupolicán me regala un hermoso libro autografiado, de lujo, sobre  “La casa en la poesía venezolana”.
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“En la casa surgen las íntimas convivencias, los anhelos, alegrías y angustias, que marcados en ese ámbito dejan sus huellas profundas en el espíritu.”(Gustavo Pérez Ortega)
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“…Dejemos que las casas penetren al lector, sus patios los llenen de hojas y de plumajes de aves de corral; que el viajero tenga asiento en ellas y el errante pueda pueda descansar sus adoloridos pies frente a uno de sus muros”.(Elí Galindo).
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“Casa del cielo o pálpito de las teogonías. El ser universal, desprendiéndose de su forma imaginaria, morfología de un parto de presencias: el hombre como patio, como techo, como pájaro o como rayo de romas.” (Coupolicán Ovalles).
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Las citas son del libro sobre “La casa en la poesía venezolana”, que me obsequió Coupolicán entre tragos y promesas de entregarme el material médico de su abuelo Víctor Manuel,  y una copia de “¿Duerme usted, Señor Presidente? (“Todo está podrido, Miraflores también”).
Una vez conversábamos sobre la extinta URSS. Lo llamarón para una reunión, pero declinó asistir y me dijo: yo aprendo más aquí hablando de Rusia. No tengo nada que buscar por allá.
 En otra ocasión, mientras escanciaba una botella de vodka, me preguntó: ¿Tienes fuerza de voluntad para no beber aunque sólo sea un día? No espero mis palabras y el mismo se respondió: yo no la tengo.
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La casa es una necesidad  de todo el mundo animal, o de casi todo. Entre las páginas del libro del cual hablamos coloqué un recorte que tomé de El Nacional y que me conmovió:
“…En un pequeño pueblo de China una pareja de golondrinas construyó un nido en la cornisa de una casa. El dueño de ésta última inmediatamente destruyó el refugio de las aves. Por cinco veces consecutivas las golondrinas  hicieron su nido, y por tanta veces el dueño lo destruyó. Hasta que los pájaros, en un desesperado arrebato de impotencia, se suicidaron  lanzándose en picada…”
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Coupolicán debe hablar en las jornadas del Museo de Bellas Artes sobre los gremios en la defensa de la ética. El jefe de protocolo lo llama varias veces, y cuando se constata su ausencia interviene  y grita una mujer desde el fondo de la sala: ¡Búsquenlo en un bar de Sabana Grande!
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En la Sociedad de Escritores le cuento a Copoulicán el incidente con la mujer. Sin pensarlo me contesta: lo sabía, por eso no asistí. Prefiero estar lejos cuando me tiran mierda.