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MIS
LÁGRIMAS DE CONFUNDEN CON EL AGUACERO.
Ahora
en soledad sostenida
escribo
para no llorar.
Mis
lágrimas se confunden con un leve aguacero
que
inunda de ilusiones al campesino
a
la espera con denuedo de esa agua mágica
venida
del cielo para dar de comer a sus hijos
y a sus animales.
La
cosecha está garantizada.
La llegada de la Semana Mayor
es
la antesala de la venida del Mesías
a tomar aguardiente en los botiquines de mi
pueblo.
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