VERSOTERAPIA

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2007

LITERATURA Y MEDICINA

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LIBRO DEL DR. EDGARDO MALASPINA : LITERATURA Y MEDICINA

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martes, 28 de septiembre de 2021

LA CABAÑA DEL TÍO TOM

 


LA CABAÑA DEL TÍO TOM : LA NOVELA PACIFISTA QUE LE HIZO ENTENDER A ABRAHAN LINCOLN QUE EL PROBLEMA DE LA ESCLAVITUD NO SE SOLUCIONABA CON ORACIONES SINO A PLOMO.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

I

La cabaña del tío Tom (1851-1852) de la escritora estadounidense Harriet Beecher Stowe (1811-1896) trata sobre los horrores del racismo y la esclavitud. Tiene como personaje principal al Tío Tom, la versión negra y hasta mejorada de Jesús de Nazaret: Tom era profundamente religioso, jamás levantó su mano contra sus agresores (Cristo una vez recurrió a la violencia con un látigo en la sinagoga :Juan 2:15-1); y cuando su cruel amo lo maltrató hasta la muerte, dio gracias a su Dios por su destino . En cambió Cristo increpa a su padre por su suerte: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? : Mateo, 27: 46.

II

León Tolstói (1828-1910) alabó está novela porque propone “dar la otra mejilla”,   la oración antes que la espada , y el perdón para todos nuestros enemigos , independientemente del daño que nos hagan. Ese era el credo de Tolstói ( El reino de Dios está en vosotros, 1894). La autora propone rezar mucho y leer la Biblia para solucionar el problema de la esclavitud en Estados Unidos, pero Lincoln leyó la novela y llegó a una conclusión opuesta:  a las atrocidades de los esclavista había que responder con las armas (1). Así se desencadena la Guerra de Secesión (1861-1865). Cuando Lincoln conoció a Harriet Beecher Stowe en 1862 le dijo: “De manera que es usted la pequeña mujer que escribió el libro que provocó esta gran guerra”. Esto demuestra que no es cierta la afirmación de que la literatura no influye sobre la sociedad o sobre la Historia en general como argumentan ciertos especialistas.

III

Al final la autora explica que nada en su novela es inventado, sólo ha llevado a la literatura una realidad terrible , y cada personaje es un modelo representativo de varios similares en la vida real: “Muchas personas de diferentes partes del país han preguntado a la autora si esta historia es verdadera; para contestar a todos, hará una respuesta general. Los diferentes incidentes que forman la narrativa son, en su mayor parte, auténticos, y muchos de ellos ocurrieron ante sus propios ojos o ante los de sus amigos personales. O ella o sus amigos han observado a personajes parecidos a casi todos los que son presentados aquí; y muchos de los acontecimientos son palabra por palabra como ella misma o sus amigos los oyeron”.

PÁRRAFOS Y FRASES:

1

Dios permite injusticias:

He oído hablar de la manera en que los tratan en esas plantaciones.

––Tendrán el mismo Dios allí que tenemos aquí, Chloe.

––Bueno ––dijo la tía Chloe––, supongo que sí, pero el Señor permite que ocurran cosas terribles a veces, así que eso no me consuela.

––Estoy en manos del Señor ––dijo Tom––; las cosas no pueden ir más lejos de lo que permite, y de eso puedo dar gracias.

2

Somos iguales ante Dios sólo cuando estamos bajo la tumba.

3

Un Dios para los blancos y otro para los negros:

–¿Existe un Dios en quien confiar? ––preguntó George, con semejante tono de amarga desesperación que detuvo las palabras del anciano caballero––. Ay, he visto cosas en mi vida que me han hecho sentir que no puede haber un Dios. Ustedes los cristianos no saben cómo vemos nosotros estas cosas. Existe Dios para ustedes, pero ¿existe Dios para nosotros?

4

Poesía:

La luz oblicua del sol poniente tiembla sobre la extensión oceánica del río; las vibrantes cañas y los altos cipreses pardos, engalanados con coronas de oscuro musgo fúnebre, resplandecen bajo los rayos dorados, mientras el cargado barco de vapor sigue avanzando.

5

La novela y la vida real:

En una novela las personas se rompen los corazones y mueren y ahí acaba todo; en un cuento, así es como debe ser. Pero en la vida real no morimos cuando se muere lo único que nos ilumina la vida. Aún tenemos que soportar unas sesiones muy ajetreadas de comer y beber, vestimos, caminar, comprar, vender, hablar, leer y todo lo que configura lo que se suele llamar vivir.

6

África:

Si alguna vez África muestra una raza elevada y culta ––y tarde o temprano le llegará el turno de participar en el drama de la perfección humana––, la vida despertará allí con una suntuosidad y magnificencia que no podían imaginarse nuestras frías tribus occidentales. En aquel país místico y lejano de oro y gemas y especias, de palmeras ondulantes y flores soberbias y fertilidad milagrosa, nacerán nuevas formas de arte, nuevos estilos de esplendor; y la raza negra, ya no despreciada y pisoteada, quizás aporte algunas de las revelaciones más novedosas y magníficas de la vida humana. Seguro que lo hará, con su delicadeza y docilidad de corazón, su humildad, su capacidad de confiar en una mente superior y un poder más alto, con la sencillez de sus afectos y su facilidad para el perdón. En todas estas cosas manifestarán la forma más elevada de la vida cristiana y, quizás, como Dios castiga a los que ama, ha elegido a la pobre África para meterla en la fragua de las aflicciones, para convertirla en la mejor y la más noble del reino que establecerá después de juzgar y condenar a los demás reinos, porque los primeros serán los últimos y los últimos, los primeros.

7

La oración y la fe:

El corazón de Tom estaba repleto; lo vació rezando, como si fuera agua que se ha retenido durante mucho tiempo. Una cosa estaba bastante clara: Tom sí creía que había alguien escuchando, fuera verdad o no. De hecho, St. Clare se sintió transportado por la marea de su fe y sus sentimientos casi a las puertas del cielo que parecía ver con tanta claridad. Parecía acercarle más a Eva.

8

Otra vida:

Era verdad que había otra vida, una vida que, una vez que creemos en ella, representa una figura solemne y significativa entre las cifras del tiempo que sin ella no tienen sentido, elevándolas a sistemas de valores misteriosos y desconocidos.

9

En medio de la vida tenemos la muerte.

10

La muerte:

Muerte. Es raro que exista tal palabra ––dijo–– y tal realidad, y que la podamos olvidar; que se pueda estar vivo, caliente y hermoso, lleno de esperanzas, deseos y apetencias un día y haber desaparecido totalmente al día siguiente, ¡y para siempre.

11

Soy más valiente porque lo he perdido todo.

12

La eternidad:

Amo ––dijo Tom––, sé que puede usted hacer cosas terribles; pero... ––se irguió y juntó las manos––, pero, después de que me haya matado el cuerpo, no hay nada más que pueda hacer. Y, ¡ay!, después de eso, ¡viene toda la ETERNIDAD!

13

La fortaleza de la religión:

La sublime luz del amanecer, la gloria angelical de la estrella matutina, se asomaba a la burda ventana del cobertizo donde yacía Tom, y, como si bajasen sobre ese haz de luz, llegaron las solemnes palabras: «Soy la raíz y la progenie de David, la brillante estrella de la mañana.» Las misteriosas advertencias e insinuaciones de Cassy, lejos de desanimarle, habían despertado su alma como una llamada del cielo. No sabía si nacía con el alba el día de su muerte; su corazón latía en una angustia de regocijo y anhelo mientras pensaba en el maravilloso todo que había imaginado tantas veces: el gran trono blanco con su arco iris siempre resplandeciente, la multitud vestida de blanco, con voces sonoras como el agua, las coronas, las palmas, las arpas; todo podría presentarse ante sus ojos antes de que el sol volviera a ponerse. Por lo tanto, oyó sin estremecerse ni temblar la voz de su perseguidor, que se le acercaba.

14

El sentido de la libertad:

¿Quién puede hablar de la felicidad de ese primer día de libertad? ¿No es el sentido de la libertad más hermoso y más elevado que los otros cinco? ¡Moverse, hablar, respirar... entrar y salir sin vigilancia, libres de peligro! ¿Quién puede hablar de la felicidad del descanso que emana de la almohada del hombre libre, que duerme bajo leyes que le garantizan los derechos que Dios ha dispensado a los hombres? ¡Qué bello y precioso para aquella madre el rostro de su hijo dormido, más apreciado aún por el recuerdo de los mil peligros pasados! ¡Qué imposible dormir, con la posesión exuberante de semejante felicidad! Y sin embargo, estos dos seres no tenían ni un acre de tierra, ni un techo para cubrirse; lo habían gastado todo, hasta el último dólar. No poseían más que los pájaros del aire o las flores del campo; sin embargo, la felicidad no les permitía dormir. «Oh, vosotros que quitáis la libertad a los hombres, ¿con qué palabras respondéis por ello ante Dios?»

 

15

Es mucho más fácil morir que vivir:

En el fatigoso camino de la vida, ¿no hemos pensado muchos de nosotros en algún momento que era mucho más fácil morir que vivir? El mártir, incluso cuando se enfrenta a una muerte de angustia y horror corporales, encuentra en el mismo terror de su destino un fuerte estimulante y tónico. Hay una gran emoción, una excitación y un fervor que le ayudan a soportar cualquier crisis de sufrimiento que significa el inicio de la gloria y el descanso eternos.

 

16

El valor de la fe:

Cuando Tom estuvo cara a cara ante su atormentador y oyó sus amenazas y creyó en el alma que había llegado su hora, el corazón se le llenó de valor y pensó que podría aguantar tortura y fuego, cualquier cosa, con la visión de Jesús y el cielo.

17

Dios calla:

¿Es raro que el sosiego y la confianza religiosos que le habían sustentado hasta ahora dieran paso a conmociones del alma y tinieblas desesperanzadas? Los problemas más tenebrosos de esta vida misteriosa estaban constantemente ante sus ojos: almas aplastadas y envilecidas, el mal triunfante y Dios callado

18

Alcanzar la libertad sin violencia:

––Señorita Cassy ––dijo Tom con tono vacilante, después de observarla en silencio–– si pudiera escaparse de aquí, si fuera posible, le aconsejaría a usted y a Emmeline que huyeran; es decir, si pueden irse sin delito de sangre y no de otra forma.

19

Ni hay nadie más supersticioso que un ateo.

20

El camino más largo tiene su fin; la noche más lúgubre acaba con la llegada de la mañana. El paso eterno e inexorable del tiempo siempre acerca el día de los malvados hacia la noche eterna y la noche de los justos hacia el día eterno.

21

Poesía:

La estrella matutina brilla ahora sobre las cimas de las montañas, y vientos y brisas, que no vienen de la tierra, señalan que se abren las puertas del amanecer.

22

Poner la otra mejilla:

––Amo, si usted estuviera enfermo, o en un apuro, o muriéndose, y yo pudiera salvarle, le daría voluntariamente la sangre de mi corazón; y si sacar cada gota de sangre de este pobre cuerpo viejo fuera a salvarle el alma, se la daría de buena gana, tal como el Señor dio la suya por mí. ¡Ay, amo, no cargue su alma con este gran pecado! ¡Le hará más daño a usted que a mí! Haga lo peor que haga, mis penas acabarán pronto; pero, si usted no se arrepiente, ¡las suyas no acabarán jamás!

23

El silencio de la iglesia:

Las escenas de sangre y violencia son repugnantes para el oído y para el corazón. Lo que el hombre tiene agallas para hacer, no tiene agallas para escuchar. Lo que debe sufrir el prójimo hombre y el prójimo cristiano no se puede contar, ni en un lugar secreto, por lo mucho que perturba el alma. Y, sin embargo, ¡patria mía! Estas cosas se hacen al amparo de tus leyes. ¡Oh, Cristo! ¡Tu iglesia las contempla casi en silencio!

24

Sin quejas ante el sufrimiento y la muerte:

––No me llame usted pobre hombre ––dijo Tom con solemnidad–

–. He sido un pobre hombre; pero eso ya está pasado y olvidado.

¡Estoy a las puertas de la gloria! ¡Oh, señorito George, el Cielo ha llegado! ¡He conseguido la victoria, me la ha concedido el Señor Jesús! ¡Bendito sea su nombre!

25

Muerte de Tom:

En este momento cedió el acceso de energía que le había infundido la alegría de reunirse con su joven amo. Empezó a debilitarse de pronto, cerró los ojos y el cambio misterioso y sublime que indica la llegada a otros mundos alteró su rostro. Empezó a respirar con largas y profundas aspiraciones. Su ancho pecho subía y bajaba con pesadez. La expresión de su rostro era la de un conquistador.

––¿Quién... quién puede separamos del amor de Cristo? ––dijo

con una voz que luchaba con la debilidad mortal; con una sonrisa en los labios, se quedó dormido.

26

¿Qué podemos hacer?

Pero, ¿qué puede hacer un individuo cualquiera? Debe decidir eso cada individuo por sí mismo. Hay una cosa que cada individuo puede hacer: puede procurar tener sentimientos buenos. Cada ser humano está rodeado por una atmósfera de influencia compasiva, y el hombre o la mujer que tiene sentimientos fuertes, sanos y justos sobre las grandes cuestiones de la humanidades un gran benefactor para la raza humana. ¡Atended, por lo tanto, a vuestros sentimientos en este asunto! ¿Están en armonía con los de Cristo o se dejan regir y pervertir por los sofismas de la política mundana?

27

Rezar, rezar, rezar:

 

¡Hombres y mujeres cristianos del norte, tenéis también otro poder: podéis rezar! ¿Creéis en la oración o se ha convertido en una confusa tradición apostólica? Rezáis por el pagano de otras tierras; rezad también por el pagano de casa. Y rezad por los afligidos cristianos cuya única posibilidad de superación religiosa depende del comercio y la venta y cuya adherencia a la moral cristiana es en muchos casos imposible a no ser que el cielo les haya dotado del valor y la gracia del martirio.

 

Nota:

1

Nelson Mandela se divorció de su primera esposa, porque ella perteneciente a una secta religiosa, le sugería resolver el problema del racismo en Sudáfrica a través de la oración y poner todo ese asunto en manos de Dios. Mandela en su primera etapa contra el apartheid recurrió a la violencia para responder a la violencia de los opresores, quienes luego entendieron que no era buena su propia medicina, y por eso decidieron aceptar el diálogo.

 

viernes, 27 de agosto de 2021

LAS 6 REGLAS DE GEORGE ORWELL PARA UNA PROSA CLARA, PRECISA E INTELIGENTE

 


LAS 6 REGLAS DE GEORGE ORWELL PARA UNA PROSA CLARA, PRECISA E INTELIGENTE

LIBROS

POR: JUAN PABLO CARRILLO HERNÁNDEZ - 05/22/2016

 

PARA ENFRENTAR LOS RADICALISMOS DE SU TIEMPO, GEORGE ORWELL APOSTÓ POR UN ESTILO DE ESCRITURA PRECISO E INTELIGENTE

 

Gracias a 1984, muchos conocemos bien el nombre de George Orwell. Una novela clave del género distópico y, en varios sentidos, casi profética, pues si bien se trata de una metáfora de los regímenes totalitarios de la segunda mitad del siglo XX, el genio del autor fue casi como un poder clarividente que le permitió ubicar la tendencia que seguiría el poder político desde entonces y hasta nuestra época. La famosa figura del “Gran Hermano”, por ejemplo, síntesis del estado de hipervigilancia al que aspiraban gobiernos como el de Stalin, es ahora una realidad palpable, si bien aún disimulada con múltiples recursos de distracción y goce.

 

Sin embargo, además de escritor de ficción, Orwell fue también un notable prosista, autor de ensayos, muchos de los cuales redactó al hilo de importantes acontecimientos como la Guerra civil española, la ya mencionada Segunda guerra mundial y, en general, ese entorno más bien bélico, caracterizado por el radicalismo de las posiciones políticas en apariencia disponibles. Orwell, devoto de la sensatez y la inteligencia, encontró en la escritura su manera de conjurar el torbellino de opiniones, argumentos, falacias, dilemas y exigencias sociales que se plantearon en su época.

 

De ahí, en buena medida, que el escritor se preocupara por forjar un estilo claro, preciso, transparente. Por qué qué mejor medio para transmitir una idea que un entorno límpido, donde se desarrolle con fluidez. Y, también, qué mejor manera para enfrentar los arrebatos de los extremismos.

 

 

 

A continuación, compartimos 6 reglas que Orwell acuñó para obtener un estilo prosístico con dichas características. La explicación de cada una estas corrió por nuestra cuenta.

 

***

 

1. Nunca uses una metáfora, símil u otra figura retórica que se use habitualmente en los medios

 

“Todo el peso de la ley”. “Justos por pecadores”. “El rey de la selva”. Expresiones de este tipo, de tan usadas, se encuentran ya vacías de sentido. No nos dicen nada. Paul Ricoeur las conceptualizó como “metáforas muertas” porque, justamente, carecen del élan que da sustento y significado al lenguaje. ¿Por qué desperdiciar una oportunidad de comunicación con algo que no dice nada?

 

 

 

2. Nunca uses una palabra extensa cuando podrías usar una breve

 

En cuestiones de estilo, hay al menos dos bandos claramente diferenciados a este respecto: quienes apelan a la profusión del lenguaje y quienes apuestan más bien por la sencillez. Orwell, claramente, pertenece a este último grupo. Y justificadamente acaso, pues en el caso de los textos que buscan transmitir ideas, muchas veces la brevedad es amiga de la exposición clara y directa.

 

 

 

3. Si es posible eliminar una palabra, hazlo.

 

Otro consejo que abona a la concisión del discurso, tratando este como una suerte de follaje cuya poda resultará en una figura claramente comprensible para el lector.

 

 

 

4. Nunca uses un tiempo pasivo si puedes usar el activo

5. Nunca uses una frase en otro idioma, un término científico o jerga especializada si puedes pensar un equivalente en el lenguaje de todos los días

 

En general, estos casos que señala Orwell tienen algo en común: son elementos potencialmente excluyentes para los lectores. Quien no está familiarizado con cierto idioma o con algún campo especializado de conocimiento se quedará a la zaga o francamente dejará de entender un término con dichas características.

 

 

 

6. Mejor romper cualquiera de estas reglas que escribir una barbaridad

 

Aquí surge el Orwell que esperábamos. No el pontífice, sino el prosista furibundo que por encima de todo sitúa la inteligencia, la valentía del pensamiento, el riesgo de las ideas. Con este último consejo parece decirnos que, en efecto, es necesario escribir bien, saber hacerlo, pero más todavía tener algo inteligente qué comunicar.

 

 

 

sábado, 14 de agosto de 2021

WERTHER

 


WERTHER O EL SUICIDIO COMO PRUEBA DE AMOR

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

Argenis Rodríguez decía que la venganza en el amor no correspondido era matar a la mujer amada, pero con la pluma, a través de la escritura. Lo mismo hace Goethe: el amor no correspondido de su juventud es vengado con el suicidio literario. No es casualidad que Werther y Goethe nacieran el mismo día: el 28 de agosto.

 

1

Reina en mi espíritu una alegría admirable, muy parecida a las dulces alboradas de la primavera, de que gozo aquí con delicia.

2

Muchas veces se ha dicho que la vida es un sueño, y no puedo desechar de mí esta idea. Cuando considero los estrechos límites en que están encerradas las facultades intelectuales del hombre; cuando veo que la meta de nuestros esfuerzos estriba en satisfacer nuestras necesidades, que éstas sólo tienden a prolongar una existencia efímera; que toda nuestra tranquilidad sobre ciertos puntos de nuestras investigaciones no es otra cosa que una resignación meditabunda, y que nos entretenemos en bosquejar deslumbradoras perspectivas y figuras abigarradas en los muros que nos aprisionan.

3

Desgraciado, ¿no está loco? ¿No te engañas a ti mismo? ¿Adónde te conducirá esta pasión indómita y sin objeto? No pienso más en ella; ya no cabe en mi imaginación otra figura que la suya.

4

Nuestra imaginación, propensa por su naturaleza a exaltarse, alimentada por las fantásticas

imágenes de la poesía, se forja una serie de seres, entre los cuales ocupamos el último lugar,

y todo nos parece más grande fuera de nosotros, y todas las personas, más perfectas que la

nuestra.

5

Sólo Dios sabe cuántas veces me he dormido con el deseo y la esperanza de no despertar jamás. Y al día siguiente abro los ojos, vuelvo a ver la luz del sol y siento de nuevo el peso de mi existencia.

SINUHÉ, EL EGIPCIO

 


 

SINUHÉ, EL EGIPCIO

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

Sinuhé , el egipcio (1945) del escritor finlandés Mika Waltari (1908-1979) es una de las mejores y amenas maneras de conocer parte de la historia de la Antigüedad a través de las peripecias, viajes (Babilonia, la Creta Minoica, entre los hititas y otros pueblos vecinos) y ejercicio de la profesión de un médico, Sinuhé, y su compañero Kaptah.

Se hace un recorrido ficticio por el mandato de Akenatón( décimo faraón de la dinastía XVIII de Egipto, 1353-1336 a. C), su dios sol (Amón) , el monoteísmo, la mitología de algunos pueblos antiguos, las locuras del amor(Sinuhé ´pierde la cabeza y sus propiedades por una mujer), el exilio, los embalsamamientos (Casas de la muerte), la práctica médica (Casas de la vida) con descripciones de enfermedades (epilepsía del faraón)  y tratamientos (trepanaciones).

En algún momento Kaptah es coronado faraón por un día durante el cual gobierna y toma decisiones tribunalicias, momento que recuerda a Sancho y su Barataria.

 

 

1

El eterno retorno:

En su maldad, el hombre es más cruel y más endurecido que el cocodrilo del río. Su corazón es más duro que la piedra. Su vanidad, más ligera que el polvo de los caminos. Sumérgelo en el río; una vez secas sus vestiduras será el mismo de antes. Sumérgelo en el dolor y la decepción; cuando salga será el mismo de antes. He visto muchos cataclismos en mi vida, pero todo está como antes y el hombre no ha cambiado. Hay también gentes que dicen que lo que ocurre nunca es semejante a lo que ocurrió; pero esto no son más que vanas palabras.

Yo, Sinuhé, he visto a un hijo asesinar a su padre en la esquina de la calle. He visto a los pobres levantarse contra los ricos, los dioses contra los dioses.

He visto a un hombre que había bebido vino en copas de oro inclinarse sobre el río para beber agua con la mano. Los que habían pesado el oro mendigaban por las callejuelas, y sus mujeres, para procurar pan a sus hijos, se vendían por un brazalete de cobre a negros pintarrajeados.

No ha ocurrido, pues, nada nuevo ante mis ojos, pero todo lo que ha sucedido acaecerá también en el porvenir. Lo mismo que el hombre no ha cambiado hasta ahora, tampoco cambiará en el porvenir. Los que me sigan serán semejantes a los que me han precedido. ¿Cómo podrían, pues, comprender mi ciencia? ¿Por qué desearía yo que leyesen mis palabras?

2

La vejez tiene cenizas en la garganta:

 

Muchacho, goza de tu juventud,

porque la vejez tiene ceniza en la garganta

y el cuerpo embalsamado

no se ríe en la sombra de su tumba.

3

Saber es entrar al dolor.

4

El rico no es el que posee oro y plata, sino el que se contenta con poco.

5

¿Nuestro nombre marca nuestro destino?:

Pero no era más que un producto de su imaginación infantil, y esperaba que sabría huir de los peligros para evitar los fracasos. Por esto me llamó Sinuhé. Pero los sacerdotes de Amón decían que era un presagio. Pero la idea de la buena Kipa al bautizarme así no es más infantil que imaginarse que el nombre ejerce alguna influencia sobre el destino del hombre. Mi suerte hubiera sido la misma si me hubiese llamado Kepru, Kafrán o Mosé, estoy convencido.

6

Cada cual busca en sus creencias un consuelo a las contrariedades y reveses de la vida.

7

Al aproximase la vejez, mi espíritu goza volando como un pájaro hacia los días de mi infancia. En mi memoria mi infancia brilla con un resplandor como si entonces todo hubiese sido mejor y más bello que ahora.

7

Sobre el vino:

El vino es un don de los dioses si se usa con moderación. Un vaso no hace daño a nadie, dos hacen un charlatán, pero quien vacía la jarra entera se despierta en el arroyo desnudo y lleno de contusiones.

8

Medicina:

Desde mi infancia mi padre me permitió asistir a sus consultas. Me mostró sus instrumentos, sus cuchillos y sus botes de medicinas, explicándome cómo utilizarlos. Mientras examinaba a un enfermo, yo permanecía a su lado tendiéndole una taza de agua, vendajes, ungüentos o vinos. Mi madre, como todas las mujeres, no podía ver los abscesos y las heridas Y jamás aprobó mi infantil interés por las enfermedades. Un chiquillo no comprende los dolores ni los sufrimientos hasta haberlos experimentado. Abrir un absceso era para mí una operación apasionante y hablaba con orgullo a los demás chiquillos de todo lo que había visto, para suscitar su admiración. En cuanto llegaba un enfermo, seguía atentamente los ademanes y preguntas de mi padre hasta el momento en que decía: «La enfermedad es curable». O bien: «Voy a cuidarlo». Pero había también casos en que no creía que pudiese sanar; en este caso escribía unas palabras sobre un trozo de papiro y mandaba al enfermo a la Casa de la Vida, en el templo. Después lanzaba un suspiro, movía la cabeza y exclamaba: «¡Pobre hombre!».

9

El cráneo humano, sin hablar de la garganta y las orejas que requieren los cuidados de un especialista, era a su juicio la cosa más difícil de aprender; por esto lo había elegido.

10

El trepanador real:

No creáis una palabra, hijos míos —dijo mi padre—. Estoy orgulloso de mi amigo Ptahor, trepanador real, que es el hombre más eminente en su ramo. ¿Cómo no recordar sus maravillosas trepanaciones que salvaron la vida de tantos nobles y villanos y suscitaron un asombro general? Expulsa los malos espíritus que enloquecen a las gentes y extrae de los cerebros los huevos redondos de las enfermedades. Sus clientes reconocidos lo han colmado de oro.

11

Importancia de un médico:

Porque nada, es más grande que un verdadero médico. Delante de él el faraón está desnudo y el hombre más rico es igual que el más pobre.

12

Una trepanación:

—Tengo que probar la seguridad de mis manos —dijo Ptahor—.Empezaremos trepanando por aquí dos cráneos a fin de ver cómo lo hago.

Tenía los ojos cansados y sus manos temblaban un poco. Entramos en la sala de los incurables, los paralíticos y los heridos en la cabeza. Ptahor examinó algunos cráneos y eligió a un viejo para quien la muerte sería una liberación, y un robusto esclavo que no podía hablar ni mover los miembros a causa de una herida de piedra que había recibido durante una pelea. Se les dio un anestésico y fueron llevados a la sala de operaciones. Ptahor limpió él mismo sus instrumentos y los pasó por la llama.

Mi tarea consistió en afeitar la cabeza de los dos enfermos. Después de esto limpiamos la cabeza y la lavamos, untamos la piel con una pomada y Ptahor pudo ponerse al trabajo. Comenzó por hendir el cuero cabelludo del viejo y separarlo a los lados sin inquietarse ante la intensa hemorragia; después, con movimientos rápidos, perforó el hueso desnudo haciendo un agujero con el trépano y sacó un trozo de hueso. El viejo comenzó a jadear y su rostro se puso de color violeta.

—No veo ningún defecto en su cabeza —dijo Ptahor volviendo a colocar el hueso en su sitio y vendando la cabeza después de haberla recosido. Después de lo cual el viejo entregó su alma.

—Mi mano tiembla un poco —dijo Ptahor—. ¿Alguien más joven que yo

iría a buscarme una copa de vino? Entre los espectadores se encontraban, además de los maestros de la Casa de la Vida, numerosos estudiantes que se preparaban para ser trepanadores. Una vez hubo bebido su vino, Ptahor se ocupó del esclavo que, sólidamente amarrado, lanzaba miradas enfurecidas, pese al estupefaciente que había tomado. Ptahor ordenó que lo atasen más sólidamente todavía y que colocasen su cabeza sobre un soporte especial a fin de que no pudiese moverse. Cortó el cuero cabelludo y esta vez evitó cuidadosamente la hemorragia. Las venas del borde de la herida fueron cauterizadas y la efusión de sangre fue parada por medio de medicamentos. Esto fue el trabajo de los demás médicos, porque Ptahor quería evitar cansarse las manos. En realidad, existía en la Casa de la Vida un hombre inculto cuya sola presencia bastaba para detener al instante una hemorragia, pero Ptahor quería hacer un curso y se reservaba el hombre para el faraón. Después de haber limpiado el cráneo, Ptahor mostró a todos los asistentes el sitio donde el hueso había sido hundido. Utilizando el trépano, la sierra y las pinzas, levantó un trozo de hueso grande como la mano y mostró a todo el mundo cómo la sangre coagulada se había adherido a los pliegues blancos del cerebro. Con una prudencia extremada, retiró los coágulos de sangre uno a uno y una esquirla de hueso que había penetrado en el cerebro. La operación fue bastante larga, de manera que cada estudiante tuvo tiempo de mirar bien y grabar en su memoria el aspecto exterior de un cerebro vivo. En seguida Ptahor cerró el agujero con una placa de plata que se había preparado, entretanto, con el modelo del hueso retirado y la fijó con pequeños garfios. Después de haber recosido la piel del cráneo y cuidado la herida, dijo:

—Despertad a este hombre.

En efecto, casi había perdido el conocimiento. Se desató al esclavo, le vertieron vino en la garganta y se le hizo respirar algunos medicamentos fuertes. Al cabo de un instante se sentó y empezó a lanzar maldiciones. Era un milagro increíble para el que no lo hubiese visto con sus propios ojos, porque antes de la operación el hombre no podía hablar ni mover sus miembros. Esta vez no tuve que preguntarme por qué, ya que Ptahor explicó que el hueso hundido y la sangre vertida en el cerebro habían producido aquellos síntomas visibles.

—Si no muere en el plazo de tres días podrá considerársele curado —dijo Ptahor—, y dentro de dos semanas podrá darle una paliza al hombre que le fracturó el cráneo. No creo que muera.

Después dio las gracias a todos los que habían asistido y mencionó incluso mi nombre, a pesar de que no hubiese hecho más que tenderle los instrumentos que necesitaba. Pero yo no había adivinado su intención al encargarme esta tarea; al confiarme su caja de ébano, me designaba para ser su ayudante en el palacio del faraón. Durante dos operaciones yo le había tendido los instrumentos; era, por consiguiente, un especialista que le haría mucho más servicio que cualquiera de los médicos reales al asistirlo en una trepanación.

13

Un ataque epiléptico:

Acabó sentándose sobre la arena y con tono temeroso dijo: —Cógeme las manos, Sinuhé, porque tiemblan y mi corazón late con fuerza. El instante se acerca, porque el mundo está desierto y no hay en él más que tú y yo, pero no podrás seguirme adonde voy. Y, sin embargo, no quiero quedarme solo.

Lo cogí por las muñecas y sentí que todo su cuerpo temblaba y estaba cubierto de un sudor frío. El mundo desierto a nuestro alrededor y a lo lejos un chacal comenzó a aullar a la muerte. Las estrellas palidecían lentamente y todo el ambiente se volvía gris como la muerte. Súbitamente el heredero liberó sus manos, se levantó y volvió el rostro hacia las colinas de Levante.

—¡El dios viene! —dijo en voz baja. Y su rostro adquirió una expresión enfermiza—. ¡El dios viene! —gritó en el desierto.

Y la luz brotó alrededor de nosotros incendiando y dorando las montañas. El sol se levantó y el muchacho lanzó un grito y se desvaneció. Pero sus miembros se agitaban todavía, su boca se abrió y sus pies golpeaban la arena. Yo no sentía miedo porque había oído ya estos gritos en la Casa de la Vida y sabía lo que había que hacer. No tenía ningún trozo de madera que ponerle entre los dientes, pero desgarré mi delantal y se lo metí en la boca; después le hice masaje en los miembros. Sabía que se sentiría enfermo y confuso al recobrar el conocimiento y miraba a mi alrededor en busca de ayuda. Pero Tebas estaba lejos y no veía la menor cabaña por los alrededores. En el mismo instante un halcón voló cerca de mí lanzando gritos. Parecía salir directamente de los rayos brillantes del sol y describió un gran círculo alrededor de nosotros. Después descendió como si hubiese querido posarse sobre la cabeza del heredero. Me sentí tan sobrecogido que hice instintivamente el signo sagrado de Amón. Acaso el príncipe hubiese pensado en Horus al hablarme de su dios y éste se nos aparecía bajo la forma de un halcón. El heredero gemía y yo me incliné para cuidarle. Cuando volví a levantar la cabeza vi que el pájaro se había transformado en un hombre joven que estaba de pie delante de mí, bello como un dios bajo los rayos del sol. Llevaba una lanza en la mano y sobre el hombro la tosca ropa de los pobres. Yo no creía realmente en los dioses, pero por si acaso me prosterné delante de él.

—¿Qué ocurre? —preguntó en el dialecto del bajo país, mostrándome al heredero—. ¿Está enfermo?

Yo sentí vergüenza y me puse de rodillas saludándolo.

—Si eres un bandido tu botín será mezquino, pero este muchacho está enfermo y los dioses te bendecirán quizá si nos prestas ayuda.

Lanzó un grito violento y en el acto un halcón bajó del cielo posándose sobre su hombro. Yo me dije que era mejor ser prudente por si acaso era un dios, aun cuando fuese un dios menor. Por esto le hablé cortésmente y le pregunté quién era, de dónde venía y adónde iba.

—Soy Horemheb, hijo del halcón —dijo con orgullo—. Mis padres son simples fabricantes de quesos, pero me han predicho desde mi nacimiento que mandaría a muchos hombres. El halcón volaba delante de mí, por esto he venido aquí no habiendo encontrado albergue en la villa. Los habitantes de Tebas temen la lanza después de la caída de la noche. Pero me propongo alistarme como soldado, porque dicen que el faraón está enfermo y necesitará brazos sólidos para protegerle.

Su cuerpo era bello como el de un león joven y su mirada penetrante como una flecha alada. Pensé con cierta envidia en que más de una mujer le diría:

«Bello muchacho, ¿quieres divertir mi soledad?».

El heredero del trono lanzó un gemido, se pasó la mano por el rostro y movió los pies. Le quité la mordaza de la boca y hubiera querido tener agua para darle. Horemheb lo observaba todo con curiosidad y preguntó fríamente:—¿Va a morir?

—No, no morirá —dije yo con impaciencia—. Sufre del mal sagrado.

14

El amor de las mujeres y los gatos:

Podrás pronto tocar mis miembros y poner tu mano sobre mi pecho si esto puede calmarte, pero debes antes escucharme y saber que la mujer es como el gato y la pasión es como un gato también. Sus patas son dulces, pero ocultan unas garras aceradas que penetran sin piedad hasta el corazón. Verdaderamente, la mujer es como el gato, porque también el gato goza atormentando a su víctima y haciéndola sufrir con sus garras, sin cansarse jamás de este juego. Una vez paralizada su víctima, la devora y busca otra. Te cuento esto para ser franca contigo, porque no quisiera hacerte daño. No, en verdad, no quisiera hacerte el menor daño —repitió.

15

Medicina en siria:

 

Al decir que en Siria todo ocurre de forma distinta que, en Egipto, entiendo también que el médico debe ir él mismo en busca del enfermo y que éstos no llaman al médico, sino que toman el que va a su casa, porque imaginan que ha sido llamado por los dioses. Dan el regalo al médico antes y no después de la curación, lo cual es favorable a los médicos, porque un enfermo curado olvida el reconocimiento. Es también costumbre que los nobles y los ricos tengan un médico titular a quien hacen regalos mientras gozan de buena salud, pero una vez enfermos no le dan nada hasta que están curados.

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Me decidió también a ir a ver los mejores médicos de Simyra y decirles:

-Soy el médico egipcio Sinuhé, a quien el faraón ha dado el nombre de «El que es solitario», y gozo de gran reputación en mi país. Despierto a los muertos doy vista a los ciegos si mi dios lo quiere, porque llevo en mi bagaje un dios muy poderoso. Pero la ciencia no es la misma por todas partes ni las enfermedades tampoco. Por esto he venido a vuestra villa para estudiar las enfermedades y curarlas, y aprovecharme de vuestra ciencia y vuestro saber. No es mi intención entorpeceros en la práctica de vuestra profesión, porque, ¿quién soy yo para rivalizar con vosotros? El oro es como el polvo para mis pies, y así os propongo que me mandéis a los enfermos que hayan incurrido en la cólera de vuestros dioses y por esta razón vosotros no podéis curar, y sobre todo aquellos que necesiten la intervención del cuchillo, que vosotros no empleáis, a fin de que vea si mi dios puede curarlos. Si lo consigo os daré la mitad del regalo que reciba, porque en realidad no he venido aquí a amasar oro, sino saber. Y si no los curo, no querré recibir regalo alguno.

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Eres ciertamente joven, pero tu dios te ha concedido la cordura, porque tus palabras son agradables a mis oídos, sobre todo lo que dices respecto al oro y los regalos. Tu proposición respecto a las operaciones con el cuchillo nos conviene también, porque al cuidar un enfermo no recurrimos nunca al cuchillo, porque un enfermo tratado de esta forma muere más seguramente que si no ha sido operado. Lo único que te pedimos es que no cures a la gente por magia, porque nuestra magia es muy poderosa y en este terreno la concurrencia es ya muy exagerada en Siria y otras villas del litoral.

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Lo que decían de la magia era verdad, porque por las calles circulaban gran número de hombres ignorantes que no sabían escribir y prometían curar a los enfermos por medio de la magia y vivían opulentamente a costa de los crédulos hasta que sus clientes se morían o estaban curados. También sobre este punto diferían de Egipto, donde, como todo el mundo sabe, la magia no se practica más que en los templos, por medio de los sacerdotes de grado superior, de manera que todos los demás que curan deben trabajar en secreto y bajo la amenaza de un severo castigo.

El resultado fue que vi acudir a mí enfermos que los demás médicos no habían podido curar y yo los sanaba, pero a los incurables volvía a mandarlos a los médicos de Simyra. Iba a buscar el fuego sagrado al templo de Amón para purificarme según está mandado y en seguida me arriesgaba a utilizar el cuchillo y realizar operaciones que maravillaban a mis colegas de Simyra.

Tratamiento de cataratas:

Conseguí también devolver la vista a un ciego que había sido tratado en vano por los médicos y los hechiceros con un bálsamo hecho con saliva y polvo. Pero yo lo curé con una aguja, a la moda egipcia, y este caso me valió una inmensa reputación, pese a que el enfermo perdiese la vista poco después, porque estas curaciones son de corta duración.

Obesidad y otras enfermedades:

Los mercaderes y los ricos de Simyra llevan una existencia de pereza y de lujo y son más gordos que los egipcios, pero sufren de asma y dolor de estómago. Yo los trataba con el cuchillo de manera que su sangre corría como la de un cerdo cebado, y cuando mi provisión de medicamentos tocó a su fin me felicité por haber aprendido a recoger las hierbas medicinales los días propicios según la luna y las estrellas, porque sobre este punto el saber de los médicos sirios era tan insuficiente que no me fiaba de sus remedios. A la gente obesa les daba drogas que calmaban sus dolores de estómago y les evitaba sofocarse. Les vendía estos remedios muy caros, a cada cual, según su fortuna, y no tuve conflicto con nadie porque hacía regalos a los médicos.

16

Sólo los dioses curan las heridas de la cabeza.

17

Un poema al dios del sol:

 

Tu aparición es bella en el horizonte del cielo

¡oh, vivo Atón, príncipe de vida!

Cuando te levantas en el horizonte oriental del cielo,

llenas los países con tu beldad,

porque eres bello, grande, resplandeciente,

elevado sobre la tierra. Tus rayos envuelven los países

y cuanto has creado.

Los encadenas con tu amor;

aunque estés alejado,

tus rayos caen sobre la tierra;

aunque residas en el cielo,

las huellas de tus pasos son el día.

18

La medicina en Mitanni*:

 

Su medicina estaba también a un alto nivel y sus médicos eran hábiles; conocían su profesión y sabían muchas cosas que yo ignoraba. Así fue como me dieron un vermífugo que causaba menos dolores y menos inconvenientes que los otros que yo conocía. Sabían también devolver la vista a los ciegos con las agujas y yo les enseñé a manejarlas mejor. Pero ignoraban completamente la trepanación y no creían lo que yo les decía; pretendían que sólo los dioses podían curar las heridas de la cabeza, y si los dioses las curan, los enfermos no recobran nunca su estado anterior, de manera que era mejor que se muriesen.

* Mitanni o Mitani fue el nombre de un antiguo reino ubicado en el norte de la actual Siria, también conocido como Naharina. Se puede considerar que el reino Mitanni existe desde antes del 1500 a. C

19

El dolor de muelas del rey de Babilonia:

Entonces el anciano se lamentó y, golpeando el suelo con su frente, dijo:

—Oh, dueño de los cuatro continentes, lo hemos hecho todo para curarte y hemos sacrificado mandíbulas y barbillas en el templo para expulsar el diablo que se ha ocultado en el fondo de tu boca; hemos hecho redoblar el tambor y sonar las trompetas y hemos danzado con vestiduras rojas para exorcizar al demonio, y no hemos podido hacer nada más para curarte, porque no nos has permitido tocar tu barbilla sagrada. Y no creo que este cochino extranjero sea más competente que nosotros.

Pero yo dije:

—Soy Sinuhé el egipcio, el que es solitario, el Hijo de Onagro, y no tengo que examinarte para ver que uno de tus molares ha infectado tu boca, porque no te lo has limpiado o hecho arrancar, según los consejos de tus médicos. Esta es una enfermedad de niños y perezosos, y no digna del dueño de los cuatro continentes, delante del cual los pueblos tiemblan y, por lo que veo, el león inclina la cabeza. Pero sé que tu dolor es grande y por esto quiero ayudarte.

El rey conservaba la mano sobre la mejilla y dijo:

—Tus palabras son osadas, y si estuviese en buena salud te haría arrancar la lengua de la boca desvergonzada y reventar el estómago, pero no es ahora el momento; date prisa en curarme y mi recompensa será grande. Pero si me haces daño te haré matar en el acto.

—Tengo menos dolor; no te acerques a mí con tus pinzas y tus cuchillos.

Pero mi voluntad era más fuerte que la suya y le hice abrir la boca manteniendo sólidamente su cabeza bajo mi brazo y pinché el absceso con un cuchillo purificado a la llama del fuego traído por Kaptah. No era, en realidad, el fuego sagrado de Amón, porque Kaptah lo había dejado apagar por descuido durante el viaje por el río, pero había vuelto a encender otro en presencia del escarabajo, y en su locura lo creía tan poderoso como el de Amón.

Tus dolores han desaparecido, pero seguramente volverás a tenerlos si no te haces arrancar la muela que los causa. Por eso debes ordenar a tu dentista que te la arranque así haya desaparecido la hinchazón de tu mejilla.

17

Faraón de pacotilla:

En el libro seis cuando el ayudante de Sinuhé ,Kaptah, es elegido rey en Babilonia por un día nos recuerda al episodio de Sancho y su gobierno en Barataria, específicamente cuando administró justicia:

Los acólitos del faraón agarraron a Kaptah y poniéndole los hábitos reales le forzaron a tomar los emblemas del poder y lo instalaron en el trono y, postrándose delante de él, besaron el suelo a sus pies. El primero en arrastrarse hacia él fue Burraburiash, desnudo como un gusano, que gritó:

-—Queremos ver la prudencia del rey para estar seguros de que es realmente nuestro rey y que conoce las leyes. Así fue como Kaptah fue izado en el trono de la justicia y le pusieron en la mano los emblemas, el látigo y las esposas y se invitó al pueblo a presentarse y exponer sus asuntos al rey. El primero que se arrojó a los pies de Kaptah fue un hombre que había desgarrado sus vestiduras y se había derramado ceniza sobre los cabellos. Se postró llorando y gritando a los pies de Kaptah y dijo:

—Nadie tiene la sabiduría de nuestro rey, dueño de los cuatro continentes. Por esto invoco su justicia y he aquí el asunto que me trae. Tengo una mujer que tomé hace cuatro años y no tenemos hijos, pero ahora está embarazada. Ayer me enteré de que mi mujer me engañaba con un soldado; los he sorprendido en flagrante delito…

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—Cada año se elige este día al hombre más bestia de Babilonia y puede reinar todo un día desde el alba hasta la puesta del sol y con todo el poderío del rey, y el rey ha de obedecerle. Y jamás he visto a un rey más divertido que Kaptah, a quien he designado yo mismo a causa de su comicidad.

Nota : Cuando trabajé en las brigadas estudiantiles en Siberia se celebraba el día del Constructor. En ese día estaba permitido un “golpe de estado” y se elegía un rey de los estudiantes por un día. En realidad, era una comedia, una parodia para relajarse, reír y beber. ¿Tendrá sus orígenes esta bufonada teatral estudiantil en los pueblos de la Antigüedad?

18

Hepatoscopia:

-Al cabo de dos semanas encontré en la torre de Marduk a los médicos reales y sacrificamos juntos un cordero, del que los médicos examinaron el hígado para leer los presagios, porque en Babilonia los sacerdotes leen en el hígado de las víctimas y hallan en él cosas que la demás gente ignora.

-Estudié también el hígado de los corderos y tomé nota asimismo de los informes que me dieron los sacerdotes de Marduk sobre el vuelo de los pájaros, a fin de poder sacar de ellos las enseñanzas durante mis viajes. Consagré también mucho tiempo a hacerles verter aceite sobre el agua y explicarme las imágenes que se formaban en la superficie, pero este arte me

inspiró menos confianza, porque los dibujos eran siempre diferentes y para explicarlos no era necesaria mucha ciencia, sino especialmente mucha ligereza de lengua.

19

Otro ataque epiléptico de Akenatón:

Pero el faraón se tapó el rostro con las manos y tembló de miedo, y les habló de Atón. Y entonces se burlaron de él y lo injuriaron diciéndole:

—Ya sabemos que has mandado una cruz de vida a nuestros enemigos. Han prendido esta cruz del pecho de sus caballos y en Jerusalén han cortado los pies de tus sacerdotes y los han hecho bailar así en honor a tu dios. Entonces Akenatón lanzó un grito terrible y el mal sagrado se apoderó de él y rodó por la terraza perdiendo el conocimiento.

20

Los deseos:

El hombre debería reflexionar sobre los votos que emite en voz alta, porque los deseos así formulados tienen una enojosa tendencia a realizarse, y se realizan muy fácilmente si tienden al mal de nuestro prójimo. Cuando se desea algún mal a alguien, este deseo se realiza mucho más fácilmente que si se le desea bien.

21

La vida y la muerte:

El viaje hasta Menfis fue pesado y yo permanecía echado sobre cubierta, mientras las oriflamas del faraón flotaban sobre mi cabeza y yo veía los cañaverales del río y los ánades y me decía: «¿Acaso todo esto vale la pena de ser visto y vivido?». Y decía también: «El sol es ardiente y las moscas pican y la alegría humana es mínima al lado de las penas. El ojo se cansa de ver, los ruidos y las vanas palabras fatigan el oído, y el corazón sueña demasiado para ser feliz». Así calmaba mi corazón durante el viaje y comí los buenos platos preparados por el cocinero real y bebí vino, y al final la muerte no era más que un viejo amigo sin nada espantoso, mientras la vida era peor que la muerte,  con todos sus tormentos, y la vida era como una ceniza caliente y la muerte como una onda fresca.

 

 

sábado, 7 de agosto de 2021

AZRIEL BIBLIOWICZ

 


AZRIEL BIBLIOWICZ

 

Biografía

Azriel Bibliowicz nació en Bogotá en 1949. Estudió Sociología en la Universidad Nacional de Colombia. Obtuvo su PhD. en la Universidad de Cornell (Estados Unidos) en 1979. Ha sido profesor visitante y conferencista en Sociología y Literatura en universidades de Estados Unidos y Europa. Fue columnista de El Espectador, y en 1981 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Des de 1983 ha estado vinculado a la Universidad Nacional de Colombia, en donde se le otorgó en 2004 la Medalla al Mérito Académico. Fue profesor fundador de la Escuela de Cine y Televisión, y también gestor, fundador y director de la Maestría en Escrituras Creativas hasta 2012. Sus obras literarias incluyen El rumor del astracán (1991), con cuatro ediciones; Sobre la faz del abismo (2002), Flaubert: historia de una cama (2004), y la compilación de los Seminarios y talleres con invitados internacionales de la Maestría en Escrituras Creativas (2012). Algunos de sus cuentos han sido traducidos al inglés, al alemán y al italiano. (Internet).

FLAUBERT

 


GUSTAVO FLAUBERT

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

I

En “Gustavo Flaubert. Historia de una cama” (2004) el sociólogo colombiano Azriel Bibliowicz nos habla de la pasión del escritor francés por la literatura, la cual asumía como un trabajo disciplinado de investigación histórica para ubicar con precisión en tiempo y espacio a los personajes de sus novelas.

II

Frases:

1

La literatura es así, una pasión que domina y llena nuestras vidas.

2

Si no se trabaja en forma continua , no se es un escritor en serio.

3

La escritura es una forma de vivir y de ver el mundo.

4

Los momentos aburridos le sirven al artista como material para su arte.

5

A los escritores les encanta los amores a primera vista. Y estos amores vienen a ser definitivos en la historia de la literatura.

6

¿Hasta dónde el placer erótico es incompatible con el ideal sentimental?

7

El encierro es el único camino para producir arte.

8

Todo arte es engaño.

9

La gran literatura viaja de la mano de la filosofía.

10

La mitología es la religión del otro (Joseph Campbell).

11

La poesía anida en el mito.

12

La vida de una novela es más extensa que la de su progenitor.

III

Datos biográficos:

Gustavo Flaubert nació el 4 de diciembre de 1821 en Rouen , Francia. Nació enfermizo y su padre cavó una fosa a la espera de su muerte. No siguió estudios universitarios debido a los ataques de epilepsia.

Flaubert era obsesivo con los detalles de su escritura.

Realizaba exhaustivos investigaciones ,bibliográfica y de campo, sobre los temas que abordaría en sus libros.

Sus pasiones eran leer , escribir, fumar , tomar café y viajar.

Flaubert se informaba previamente y estudiaba los sitios que visitaría.

Flaubert amaba los prostíbulos , por eso contrajo sífilis: recibió tratamiento con mercurio, se le cayeron el pelo y los dientes y la saliva se le puso negra.

Sufrió de ataques de gota.

Flaubert leía sus escritos en voz alta para encontrar el tono musical de su obra.

No quiso tener familia.

Era colérico y obsesivo.

Flaubert murió el 8 de mayo de 1880 en Croisset de una hemorragia cerebral.

 

IV

Frases de Flaubert:

1

Hay una relación entre la palabra justa y la palabra musical.

2

El autor y su obra deben ser como Dios en el universo, siempre presente, pero nunca visible.

3

El cielo es el que hace el paisaje.

4

El amor ha sido el gran tema de reflexión de mi vida.

5

Adulterio es una palabra hermosa.

6

Morir por la sola fuerza del pensamiento.

7

La poesía el algo tan preciso como la geometría.

8

Mi corazón se ha transformado en una necrópolis.(Lo dijo cuando empezaron a morir sus amigos).

9

Los tres requerimientos para la felicidad son: ser estúpido, egoísta y tener buena salud. Ahora bien, si la estupidez falta, las otras no sirven para nada.