VERSOTERAPIA

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2007

LITERATURA Y MEDICINA

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LIBRO DEL DR. EDGARDO MALASPINA : LITERATURA Y MEDICINA

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jueves, 13 de enero de 2022

POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS

 


POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS (1942)

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

I

La convivencia y todas las relaciones humanas se establecen a través de puentes : “Ahí tienes el puente, y el puente puede ser el lugar en donde el porvenir de la humanidad dé un giro”.

 Romper los puentes es la esencia de la guerra. Hemingway en “Por quién doblan las campanas” escribe sobre la paradoja de una acción bélica: se rompen los puentes y se mata al soldado del bando contrario que según el poema del John Donne (1572-1631) es parte espiritual del asesino: “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”.

II

El estadounidense Robert Jordan (el propio Hemingway) es el encargado de volar un puente. Se une a un grupo de guerrilleros para llevar a cabo su misión. Se pelea en la montañas y en los pueblos.  Por las atrocidades que se cometen mueren muchos inocentes: los fascistas y los republicanos se dan la mano. “Por quién doblan las campanas es una novela sobre la guerra civil española (1937  (combates en Segovia), el amor entre Jordan y María, y la muerte, sobre la cual constantemente reflexionan los personajes.

III

Frases:

1

Lo peor que le pueda pasar un hombre es dejar las cosas por cobardía.

2

La gente buena ha sido siempre gente alegre: Siempre que una persona sea alegre, tendrá bondad en su corazón.

3

 Era mejor mostrarse alegre, y ello era una buena señal. Algo así como hacerse inmortal mientras uno está vivo todavía.

4

El riesgo aumenta si no se aprovecha la oportunidad.

5

Ahí tienes el puente, y el puente puede ser el lugar en donde el porvenir de la humanidad dé un giro.

6

El aburrimiento no mata.

7

Un hombre que se siente débil puede ser un gran peligro.

8

Veo con claridad las cosas por la mañana temprano.

9

Todo el mundo— tiene necesidad de hablar con alguien —dijo la mujer de Pablo—; antes teníamos la religión y otras tonterías. Ahora debiéramos disponer todos de alguien con quien poder hablar francamente; por mucho valor que se tenga, uno se siente cada vez más solo.

10

La tristeza se disipará con el sol. Es como la niebla.

11

Un hombre inteligente se ve obligado a emborracharse algunas veces para poder pasar el tiempo con los imbéciles.

12

La nacionalidad y las ideas políticas no se manifiestan cuando uno ha muerto.

13

podría pasarme todo el día o todos los días entre libros viejos.

 

 

PÁRRAFOS

Cigarrillos rusos (papirosas)

Jordan se levantó, se fue hacia los sacos y, abriendo uno de ellos, palpó con la mano hasta llegar a un bolsillo interior, de donde sacó una de las cajas metálicas de cigarrillos que los rusos le habían regalado en el Cuartel General de Golz. Hizo correr la uña del pulgar por el borde de la tapa y, abriendo la caja, le ofreció a Pablo, que cogió media docena de cigarrillos. Sosteniendo los cigarrillos en la palma de una de sus enormes manos, Pablo levantó uno al aire y lo miró a contraluz. Eran cigarrillos largos y delgados, con boquilla de cartón.

—Mucho aire y poco tabaco —dijo—. Los conozco. El otro, el del nombre raro, también los tenía.

La religión, Dios.

 

—Pero los has matado.

—Sí, y lo haría otra vez. Pero, si después de eso sigo viviendo, trataré de vivir de tal manera, sin hacer mal a nadie, que se me pueda perdonar.

—¿Por quién?

—No lo sé. Desde que no tenemos Dios, ni su Hijo ni Espíritu Santo, ¿quién es el que perdona? No lo sé.

—¿Ya no tenéis Dios?

—No, hombre; claro que no. Si hubiese Dios, no hubiera permitido lo que yo he visto con mis propios ojos. Déjales a ellos que tengan Dios.

—Ellos dicen que es suyo.

—Bueno, yo le echo de menos, porque he sido educado en la religión. Pero ahora un hombre tiene que ser responsable ante sí mismo.

—Entonces eres tú mismo quien tienes que perdonarte por haber matado.

—Creo que es así —asintió Anselmo—. Lo ha dicho usted de una forma tan clara, que creo que tiene que ser así. Pero, con Dios o sin Dios, creo que matar es un pecado. Quitar la vida a alguien es un pecado muy grave, a mi parecer. Lo haré, si es necesario, pero no soy de la clase de Pablo.

0-0-0

-Vi al cura con la sotana remangada que trepaba por un banco y vi a los que le perseguían, que le daban con hoces y garfios, y vi a uno que le cogía por la sotana, y se oyó un alarido, y otro alarido, y vi a dos hombres que le metían las hoces en la espalda y a un tercero que le sujetaba de la sotana y al cura que, levantando los brazos, trataba de agarrarse al respaldo de una silla, y entonces la silla en que yo estaba se rompió

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La muerte

- Ayúdame, Dios mío, ayúdame mañana a conducirme como un hombre tiene que conducirse en su última hora.

-Hay que tomar la muerte como si fuera una aspirina.

-Ninguno de nosotros verá ponerse el sol esta tarde.

-No sentía miedo de morir, pero le irritaba el verse cogido en una trampa sobre aquella colina donde no había otra cosa que hacer más que morir.

-De haber sabido cuántos hombres en la historia tuvieron que morir en una colina, la idea no le hubiera consolado en absoluto, porque en los trances porque él pasaba, los hombres no se dejan impresionar por lo que les sucede a otros en análogas circunstancias.

-Se tenga miedo o no, es difícil aceptar el propio fin.

-Si es preciso morir, y claro que va a ser preciso, puedo morir. Pero no me gusta nada.

-Morir no tenía importancia ni se hacía de la muerte ninguna idea aterradora. Pero vivir era un campo de trigo balanceándose a impulsos del viento en el flanco de una colina. Vivir era un halcón en el cielo. Vivir era un botijo entre el polvo del grano segado y la paja que vuela. Vivir era un caballo entre las piernas y una carabina al hombro, y una colina, y un valle, y un

arroyo bordeado de árboles, y el otro lado del valle con otras colinas a lo lejos.

-Tengo miedo de morir, Pilar. Tengo miedo de morir, ¿comprendes?

El olor de la muerte

—Eso no tiene nada que ver —exclamó Pilar—. En la última temporada de Ignacio Sánchez Mejías olía tan fuertemente a muerte, que muchos se negaban a sentarse junto a él en el café. Todos los gitanos lo sabían.

-Porque, en parte, es el olor de un barco cuando hay tormenta y se cierran las escotillas. Si pones la nariz contra la abrazadera de cobre de una escotilla bien cerrada, en un barco que va dando bandazos, cuando te empiezas a encontrar mal y sientes un vacío .Porque, en parte, es el olor de un barco cuando hay tormenta y se cierran las escotillas.

-Bueno, después de lo del barco, tienes que bajar muy temprano al Matadero del Puente de Toledo, en Madrid, y quedarte allí, sobre el suelo mojado por la niebla que sube del Manzanares, esperando a las viejas que acuden antes del amanecer a beber la sangre de las bestias sacrificadas. Cuando una de esas viejas salga del Matadero, envuelta en su mantón, con su cara gris y los ojos hundidos y los pelos esos de la vejez en las mejillas y en el mentón, esos pelos que salen de su cara de cera como los brotes de una patata podrida y que no son pelos, sino brotes pálidos en la cara sin vida, bien, inglés, acércate, abrázala fuertemente y bésala en la boca. Y conocerás la otra parte de la que está hecho ese olor.

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La hermosura de la naturaleza

¿Qué es lo que te gusta de los pinos?

—Me gusta el olor y me gusta sentir las agujas debajo de mis pies. Me gusta oír el viento entre las copas y el ruido que hacen las ramas cuando se dan unas contra otras.

— Pues a mí los pinos son algo que me harta. ¿No has visto nunca un bosque de hayas, de castaños, de nogales? Esos son bosques. En esos bosques todos los árboles son distintos, lo que les da fuerza y hermosura. Un bosque de pinos es un aburrimiento.

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El amor más allá de la muerte: Jordan se despide de María ante su inminente muerte.

-Mientras viva uno de nosotros, viviremos los dos. ¿Lo comprendes?

-Cualquiera que sea el que se quede, es como si nos quedáramos los dos.

-Pero si te vas, yo me voy contigo. De esa manera, yo me iré también. Tú te vas ahora; sé que te irás. Porque eres buena y cariñosa. Te vas ahora para que nos vayamos los dos.

-Pero yo soy tú ahora.

-Ahora te irás como si fuéramos los dos

-—Tú eres yo —siguió él—; tienes que darte cuenta, conejito. Conejito, escucha. Es verdad. Me voy contigo. Te lo juro.

-Vete en seguida, para que nos vayamos los dos en ti.

Ponme la mano aquí.

-Ahora te irás por los dos. Así es. Nos vamos los dos contigo ahora.

Es así. Te lo he prometido. Eres muy buena si te vas, muy buena.

 

 

 

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